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    6/29/2009

    El sitio idóneo, el lugar menos apropiado

    A pesar de no ser el sitio idóneo
    era el lugar más apropiado,
    el punto donde convergen
    la vida y la muerte
    el llanto y la astucia
    la pena y la esperanza
    el dolor y la mueca
    pero
    no por ello
    dejaba de ser menos raro
    y más atrayente.
     
    La ví como siempre
    con sus ojos zumbones
    con sus innatas ganas de vivir
    a pesar de la vida
    con sus mal llevados veinte kilos
    (es un decir)
    y su alma de gaviota
    se me antojo nueva, como un canal
    nunca visto
    pero siempre esperado.
     
    Pasaron personas
    muchas saludaron
    otras ni miraron
    y las peores
    se recrearon:
    en detalles inservibles
    en momentos que nunca existieron
    en lugares apropiados
    para fiestas vulgares
    y no para
    momentos únicos.
     
    Pasaron personas
    y yo las esquivaba
    para verte la cara
    para estar cerca
    como antes, como nunca
    como siempre
    y en verdad me pregunté:
    ¿Porqué te veo ahora
    por primera vez
    desde la última
    como si nunca hubieras estado en mi vida?
    ¿Porqué te siento ahora
    más cerca
    de lo que nunca has estado
    a pesar de la cercanía?
     
    Pasaban los minutos como si fueran horas
    pasaban las horas como si fueran minutos
    y las palabras se contradecían unas a otras
    y los suspiros se volvían cada vez más abiertos
    y el momento se volvía visible
    como raices que flotan
    como cables a la vista
    como sombras de día
    y el sitio se tornó idóneo
    para ti
    para mi
    para los tres:
    tu, yo y la pared
    la pared del tiempo
    la pared del pasado
    la pared del hastío.
     
    Sopesé las oportunidades
    de decirte lo que sentía
    de hablarte abiertamente
    como en las películas
    o en las novelas
    como en los teatros
    o en mis sueños
    no como
    en mis intentos anteriores
    (aunque alguno salió bien
    y no tuve roturas...
    físicas, claro).
     
    La gente se empezó a ir
    primero los más interesantes
    por aquello de seguir siendolo
    luego los más pesados
    por aquello de volver a serlo
    y en breve, pensé, te irás tu
    y esa será
    mi oportunidad
    de romper
    el largo legado
    de un instante inapropiado.
     
    Te llevé a un lado
    para hundirte en mi barco
    pero tu sexto sentido funcionó
    y con agilidad felina
    desviaste las flechas
    lanzándolas al vacío
    de un rincón llamado frio.
     
    El camino de ida se tornó de vuelta
    y volví
    a donde los últimos humanos
    aguantaban con estoicismo
    y en
    el lugar menos apropiado.
     
    El tiempo pasó
    entre risas falsas y sonrisas verdaderas
    entre fregonas y cafés
    cafés con dueña
    fregonas sin agua
    ratos de silencio me recordaban tu presencia
    momentos de ruido que
    me obligaban
    a añorarte.
     
    No pude más
    y me rendí al ansiado sueño
    aunque sólo sea unas
    horas
    aunque sólo sea
    por un instante
    aunque sólo sea
    para no esperarte.