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10/11/2008 Alegría
Y como si de una luz se tratara entró la alegría en mi vida y no tenía, como cabría esperar, una forma indefinida, al contrario, tenía voz y cuerpo, alma y corazón, penas y glorias y cierto era y espero que sea que por las mañanas ponía malas caras y hasta morros de enfado pero se le pasaba con un buen trozo de queso y media hora en el baño le bastaba para ser más luz que el día anterior.
Colmé de dichas a mi alegría mostrándole mi más íntimo recodo y mi más deplorable aptitud le enseñé mi mundo como sólo yo soy capaz de verlo teñí de nuevos colores mi vida y los adapté a ella, la protegí, como protegen los que quieren algo más, mucho más que a su propia vida.
Por la noche me sorprendía escuchando su respiración y fue para mí un descubrimiento tan importante que lo convertí en mi banda sonora y así el ruido de los coches, las voces de las personas que no quería escuchar, el murmullo del mar, el sonido del viento y en general cualquier elemento sonoro se transformó como arte de magia en la dulce lenta y agradable respiración de mi alegría.
Pero como siempre lo bueno dura poco no porque perdure un tiempo limitado ni porque nos lo arranquen de las manos la verdad es que lo bueno dura poco porque no queremos que acabe y cuando acaba somos tan torpes que sólo recordamos el principio y lloramos el final.
Mi alegría se fue una tarde de otoño tal y como llegó silenciosa y cautivadora fugaz se fue con las maletas llenas de ilusiones, de esperanzas, de futuros imperfectamente bellos y me dejó los muebles vacíos y los zapatos mojados.
Mi mundo cambió de color y el arco iris pasó a ser solamente un vago recuerdo y el despertar se convirtió en tormento así como la noche se transformó en lamento, las palomas ya no volaban sino que se arrastraban entre sucias nubes blancas y la lluvia ya no servía de excusa para acurrucarme lo más cerca posible de mi alegría.
Con los ojos nublados por mi amargura salí volando de mi isla "a conocer mundo" me dije "para huir" pensé y con caminar cansino esperé a que el avión me señalara mi destino.
Europa me pareció europea y América americana pero ni la tierra vieja ni la tierra nueva arrimaron mi amargura, en China no encontré amigos y en Japón vi a mis peores enemigos: un pasado perdido y un futuro escondido.
Irak me pareció americana y el Líbano me olió a Europa y en Perú, Paraguay y Bolivia a pesar de hablar el mismo idioma no entendí ni una palabra En Argentina, donde un asesino dejó su huella, no encontré cariño y si mucho odio.
Australia me pareció desierta y la India demasiado llena el vodka ruso no ahogó mis penas y el calor de Marruecos las avivó. En Canadá nadie sonreía y en el Nepal encontré a melancolía.
Nadé en el pacífico sin oler a sal conviví en el Congo pensando que estaba en Nigeria recorrí el mundo de cabo a rabo sin descanso sin rumbo fijo o escala señalada sin disfrutar de sus maravillas hasta que paré, exhausto, destrozado, gritando “alegría, alegría, ¿donde estas? vuelve a mí y seré lo que quieras que sea soportaré lo que sea y me hundiré en ti hasta el fin de mis días”.
Las palabras volaron al viento como pájaros de fuego y regresaron sombrías como duchas de agua fría helaron mi alma y por fin me rendí a la evidencia y perdí toda esperanza de encontrar de nuevo mi alegría.
Regresé a casa a los muebles vacíos a los zapatos mojados a la triste existencia de estar sin ella y ya no me quedó más que vivir sin alegría y morir en agonía.
El tiempo entonces cogió carrerilla las horas pasaban raudas como para no perder un tren puntual o una guagua que no frena y demostró ser mas cruel que un tornado que un tifón, que un ser humano. No tuvo piedad de mí no se detuvo a dejarme llorar no se inclinó a auxiliarme no, el tiempo sólo hizo lo que mejor sabe hacer: pasar de largo.
Mis manos se arrugaron sin necesidad de frío, mis vista perdió color, y mis oídos ya no distinguían un te quiero de un te odio y que decir de mis huesos que crepitaban cada mañana con la música del dolor. Sí, como si de un sueño se tratara mi vida pasó de largo y ahora, me siento en un banco de madera, de metal, de plástico a ver pasar los días con más pena que gloria sin la más mínima alegría. |
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